Sin la contradicción de los latidos de nuestro corazón (sístole y diástole) no sería posible existir, no hay exhalación sin inhalación y no hay luz sin sombra. Con esta metáfora podría compararse el proceso natural de la vida; un espacio con transiciones en el que, a menudo, pasamos de lo familiar a lo desconocido. Pero, ¿cómo hacerlo sin ahogarte? La resiliencia puede ser ese barco que te lleve de un lugar a otro[1].

A continuación, te contaremos en qué consiste la resiliencia, algunas claves para desarrollarla y explicaremos por qué la meditación puede ayudar en el proceso.

¿Qué es resiliencia?

La palabra proviene del latín y significa volver atrás y rebotar. Es un término que surge de la física. Se refiere a la resistencia de los materiales y su capacidad de recuperación al ser sometidos a diferentes presiones y fuerzas[2].

Una definición muy parecida es la que surge desde la psicología y de la que estamos hablando aquí:

“la capacidad para recuperarse y mantener una conducta adaptativa al iniciarse un evento estresante”[3].

Es la herramienta para transitar el dolor, superar adversidades, realizar cierres, rescatar aprendizajes y fortalecerte.

Muchos expertos consideran a la resiliencia como el arte de la adaptación: aceptar la realidad incluso si es menos buena de la que teníamos antes.

Puedes combatirla y gritar sobre lo que has perdido, o puedes aceptarla y tratar de armar algo que sea bueno[4].

Cuando nos enfrentamos a nuevas realidades estamos haciendo una actualización del presente y adaptándonos a un espacio físico o emocional diferente. El papel de la resiliencia es de suma importancia en este proceso en cuanto es imposible evitar el cambio; en contraparte, es posible desarrollar una actitud resiliente y acompañarla de herramientas que potencian nuestra fortaleza mental.

¿Cómo desarrollar la resiliencia?

La resiliencia es una característica que se puede aprender y desarrollar con estrategias como las siguientes:

  1. Considerar que las crisis no son obstáculos.
  2. Aceptar que el cambio es inevitable y que hace parte de la dinámica de vivir.
  3. Identificar y buscar apoyo en tu red: pueden ser familiares, amigos o parejas.
  4. Poner las situaciones en perspectiva, considerar un contexto más amplio y diferentes puntos de vista.
  5. Responsabilizarte de la vida y tus actos.
  6. Soltar el control de lo que no está bajo tu poder.
  7. Practicar actividades que lleven a la introspección y al silencio, por ejemplo la meditación.

Meditación y resiliencia

La meditación es una práctica milenaria que cada vez se realiza con mayor frecuencia por sus efectos positivos en la calidad de vida de las personas.

De acuerdo con Klaus Lieb, director del Centro Alemán de Resiliencia, meditar con regularidad puede atraer actitudes resilientes[5] pues influye en la actividad neuronal, modifica las redes de la percepción, del control emocional y fortalece áreas del cerebro que transmiten empatía y compasión.

Las personas resilientes no están exentas de experimentar preocupaciones y necesidades. La diferencia radica en que estas saben cómo manejar las situaciones adversas.


REFERENCIAS.
[1] (Reyes, 2018)
[2] (Kotliarenco, Cáceres y Fontecilla, 1997)
[3] (Garmezy, 1991)
[4] (Edwards, 2010)
[5] (Centro Mindfulness Madrid, s.f.)


BIBLIOGRAFÍA.
Centro Mindfulness Madrid (s.f.). Resiliencia y reducción del estrés.
Edwards, E (2010) Resilience: the new afterword. Crown Archetype.
Garmezy, N. (1991). Resiliency and vulnerability to adverse developmental outcomes associated with poverty. American Behavioral Scientist, 34 (4), pp. 416-430
Kotliarenco M. A; Cáceres I. y Fontecilla M. (1997). Estado del Arte en Resiliencia.
Reyes, V. (2018). Duelo. Verónica Reyes.

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